Tras haber visto alguno ocasionalmente, melgachos los llamamos por aquí, encontré una cueva llena de ellos. Si bien el primero era de un tamaño muy normal , los otros dos ya dieron una talla más respetable. Una vez pasado el trabajo de pelarlos, a ver como se portan con el adobo de turno. No sé si la gente acostumbra a pillarlos, porque aún quedaban unos cuantos para otra vez, espero que no se hayan asustado, jajaja.