Hola colegas,
Hoy me invitaron a salir en barca por la Costa da Morte. Y, aunque mi cuerpo purilote ya no esta para muchas fatigas, es difícil decir que no a semejante plan.
íƒâ€°ramos cinco ranas en una planeadora de seis metros, más el patrón. O sea, que todo un lujo. Aunque la realidad fue que el pescado que circulaba no era para echar cohetes.
Lo poco que pegaba el mar y la claridad del agua hicieron la pesca muy difícil.
Después de tocar tres sitios a priori cojonudos, lo más grande que había pillado era un pulpo de un par de kilos.
Nos tocaba gastar el último cartucho, ya de retirada, y la zona en cuestión era una cadena de tres o cuatro bajos que formaba una punta acantilada.
Esta restinga tiene muy poca grieta, por lo que no me hacía mucho tilín. Así que me fui con otros dos í¢â‚¬Å“fatigadosí¢â‚¬Â a aguas más tranquilas dentro de la ensenada.
Al llegar el panorama no animaba. No se veían más que lábridos minúsculos.
Me comenta el lanchero de volver con los de la punta, y le digo que me deje un ratito mas. Esto es algo que me jode de salir con embarcación; no me dan tiempo a que se me asiente el cuerpo. Y es que yo en la pesca, como en el sexo, no me gustan las prisas.

En la siguiente picada veo una macrocentolla encima de un buen bolo de piedra. Me digo: í¢â‚¬Å“Aquí no ha estado nadieí¢â‚¬Â.
Sigo cayendo y veo que los bolos hacen cueva. Suelto el fondeo de la boya y aviso al lanchero.
Los colegas me preguntan: í¢â‚¬Å“¿hay mucho fondo?í¢â‚¬Â í¢â‚¬â€œya estábamos un poco alejados de costa- y les digo: í¢â‚¬Å“Unos seis metrosí¢â‚¬Â.
En la siguiente picada, veo una tremenda cola que se cuela por un agujero.
Subir y contarlo, y tener compañía es todo uno.
Diego, un chico al que no conocía, y yo nos ponemos a rascar el fondo y a los dos minutos lo veo salir dando voces.
Ha clavado un robalaco de casi seis kilos y me avisa de que en la cueva había como una docena más.
A los pocos segundos ya estoy entrando por uno de los laterales del bolo. Y le tiro a lo loco a la última lubina que ya estaba escapando.
Pesó tres kilillos y algo, y tardamos un rato deshacer el lío que hizo porque el tiro no fue muy bueno y saco casi todo el hilo del carrete.
Después llegó lo mejor de la pesca. Subir a la lancha y comentar el lance, agradecer la ayuda, contemplar las piezas, una gozada.
Con jornadas como esta se cura todo el estrés de la semana.
Bueno colegas, pues espero haber entretenido un poco con este tostón, y para los que buscan aprender, decirles que nunca se debe perder la fe.
Que todos los depredadores, incluidos nosotros, necesitan descansar. Y que con un poco de instinto y tozudez se pueden localizar y hacer una buena pesca.
Un saludo, peña.