Después de un par de horitas de pesca sin suerte, me dirijo hacia la playa de vuelta, ya relajado y con la guardia baja. De repente, aparece debajo de mis aletas una buena morruda, a unos 5 ó 6 metros de profundidad. Me quedo quieto y no se asusta, así que intento hacer una caída. Alertada por el ruido, se escabulle sigilosamente hacia mar adentro sin darme opción de tiro.
Dándola ya por perdida, avanzo unos metros hacia la playa cuando pienso "qué narices, no parecía muy asustada". Fondeo despacio la boya, me doy la vuelta y ventilo cerca de la zona donde ha desaparecido mientras busco un sitio donde esconderme. No tengo mucha confianza en que vuelva; ni siquiera sé cuál es el lugar exacto en el que he dejado de verla. Encuentro una piedra grande y decido hacer una espera ahí mismo. Doy el golpe e intento bajar sigilosamente para esconderme bien. Joder. Menos sigiloso, he sido de todo. He hecho más ruido que un reggetonero en su Seat León.
Casi sin tiempo para esconderme la veo venir directa hacia mí. Con la mano izquierda intento agarrarme a los tallos de las algas para hacer descender mi cuerpo y mis aletas. Me da la impresión de que tardo una eternidad. Pero no se asusta. Me viene de frente y la tengo a tiro. Pero espero un poco para asegurar el disparo. En cuanto me da el flanco ¡zaasss!
El tiro es bueno y la recupero en pocos segundos. Pesará un kilo y medio, aproximadamente. La primera pieza decente de la temporada.